Estaba pastoreando ganado cuando le vendaron los ojos y la violaron. Una patrulla de la policía que buscaba guerrilleros y simpatizantes de los insurgentes. Irrumpían en las aldeas, robaban y destruían. Como una plaga. A otras mujeres les sucedió lo mismo. Pero ella tenía solo 14 años.

Las mujeres adivasi son la población más vulnerable a la violencia de la policía y los rebeldes maoístas (Tuhin Paul - Flickr Commons)Ver fotos
Las mujeres adivasi sonel grupo más vulnerable a la violencia de la policía y los rebeldes maoístas (Tuhin Paul – Flickr Commons)

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En una región de la India poco conocida en el exterior, pero bien explotada por las mineras y sus aliados políticos locales, el gobierno enfrenta desde hace más de una década a los rebeldes maoístas. En Chattisgarh el enfrentamiento ha dejado a los nativos adivasis en tierra de nadie, a la merced del terror de ambos contendientes, abandonados por los funcionarios elegidos democráticamente.

En esa guerra las mujeres llevan la peor parte. La violencia sexual se convierte en un arma cuando los civiles no son espectadores, sino objetivos del desprecio de los beligerantes. Y su uso parece coherente con las torcidas relaciones de género en ese país asiático, donde la violación en grupo de una joven provocó conmoción en 2012. Desde entonces los casos de sexo forzoso no han dejado de crecer.

Los adivasis abarcan una diversidad de problaciones indígenas en la India y países vecinos (Ekta Parishad - Wikimedia Commons)Los adivasis abarcan una diversidad de problaciones indígenas en la India y países vecinos (Ekta Parishad - Wikimedia Commons)Ver fotos
Los adivasis abarcan una diversidad de problaciones indígenas en la India y países vecinos (Ekta Parishad – Wikimedia Commons)

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Impunidad en un mundo remoto

La policía de Chattisgarh y los paramilitares al servicio de las autoridades locales han hecho todo lo posible por impedir el paso a periodistas, activistas de derechos humanos, investigadores y abogados, ha denunciado la organización Women Against Sexual Violence and State Repression. Las acciones de contrainsurgencia se realizan entonces al margen del escrutinio público, lo cual abre la puerta a toda clase de abusos.

Un año después de la publicación de un reportaje en The Indian Express sobre la violencia contra 40 mujeres durante una operación contra los maoístas, la Comisión Nacional de Derechos Humanos de la India ha confirmado las denuncias. Según ese organismo, al menos 16 mujeres fueron víctimas de violación, agresión sexual y física por parte de la policía del estado de Chattisgarh. La Comisión estudia otros 20 casos. La información periodística original aseguraba que madres recién paridas y otras con niños también habían sido forzadas.

A pesar de conocer sus nombres, la policía no ha suspendido a los agentes implicados. Kishore Narayan, abogado representante de 14 de las mujeres violentadas, ha afirmado que las autoridades protegen de manera deliberada a los culpables. El jefe de la fuerzas del orden en el área, SRP Kalluri, ha rechazado las acusaciones, que en su opinión son parte de una campaña de los insurgentes naxalitas para desacreditar a los uniformados. Kalluri ha sido señalado en repetidas ocasiones por organizaciones de la sociedad civil por su presunta participación en violaciones de los derechos humanos.

Y en realidad, ¿por qué inquietarse? El ministro del Interior, Rajnath Singh, ha dicho públicamente que los policías no deben preocuparse por el escrutinio de la Comisión de Derechos Humanos, mientras ejecuten operaciones contra los rebeldes maoístas. En Nueva Delhi, 1.200 kilómetros al noroeste, el gobierno central también se mantiene indiferente ante el sufrimiento de miles de adivasis.

Los naxalitas no serán derrotados por la vía de las armas, afirma este manifestante en Chattisgarh (Joe Athialy - Flickr Commons)Los naxalitas no serán derrotados por la vía de las armas, afirma este manifestante en Chattisgarh (Joe Athialy - Flickr Commons)Ver fotos
Los naxalitas no serán derrotados por la vía de las armas, afirma este manifestante en Chattisgarh (Joe Athialy – Flickr Commons)

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Complicidad criminal

Paradójicamente, la miseria de los nativos de Chattisgarh crece en una región rica en recursos minerales como bauxita, hierro, estaño, mármol y carbón. El gobierno del estado ha otorgado permisos de explotación a compañías mineras que infringen los derechos a la tierra de las poblaciones nativas. El combate a los maoístas revela, más que la voluntad por apagar un movimiento terrorista, el interés por proteger las propiedades de esas empresas.

El desamparo ha alimentado las filas de la guerrilla naxalita. El número de efectivos se estima en alrededor de 10.000, mal armados, pero dispersos en varios estados del este de la India. Además, cuentan con el apoyo de otras decenas de miles de miembros. Los rebeldes denuncian la expropiación de tierras, la falta de empleos y la violación de los derechos atribuidos a los grupos tribales. Una noble causa, en teoría, que han promovido mediante el terror en las zonas donde operan sus bandas.

¿A quién recurrir entonces? Las mujeres adivasis de Chattisgarh padecen las consecuencias de una oscura guerra, en una región donde las leyes carecen de valor y el reclamo insistente de militantes por los derechos humanos apenas se escucha. Probablemente ningún líder internacional intercederá por ellas ni presionará para alcanzar la paz en la zona. Les queda huir, o rezar para escapar indemnes de la próxima batida.

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