El viento sopla como una fuerza energética clave en el futuro de Estados Unidos. Pero aunque auspiciosos, los aires no son necesariamente favorables al 100% para ello.

La ampliación de la extracción, transporte y consumo de combustibles fósiles –desde el carbón al petróleo y el gas natural– ha sido un objetivo de los republicanos y, en específico, uno de los temas centrales de campaña de Donald Trump quien, una vez en la Casa Blanca, procedió a aprobar los polémicos oleoductos Keystone XL y Dakota Pipeline y ha dicho que impulsará la industria carbonífera y de los hidrocarburos.

El mismísimo secretario de Estado de su administración, Rex Tillerson, era el presidente de la megapetrolera Exxon.

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Como una moderna visión de poderosos gigantes, grandes turbinas de generación eléctrica movidas por el viento se alzan junto a rústicos y quijotescos espacios en Colorado. (Reuters)

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Pero, en realidad, aunque la industria de los combustibles fósiles es inmensa y poderosa, otro sector energético que en realidad ha registrado un boom singular en años recientes es el de la energía eólica. Y aunque en muchos lugares del país se vieron surgir pozos de extracción petrolera y de gas (con frecuencia usando la controvertida técnica del fracking), en paralelo muchas regiones del país se han cubierto de turbinas generadoras de electricidad impulsadas por la fuerza del viento.

Y de acuerdo al portal Fusion, la fuerza eólica es ya la mayor fuente renovable de electricidad en Estados Unidos, tras superar en 2016 a la fuerza hidroeléctrica.

Así, el año anterior la capacidad de generación eléctrica con la fuerza del viento alcanzó en el país los 81,321 megawatts, más que la capacidad de generación hidroeléctrica estadounidense, que fue de 79,985 megawatts. La energía producida por el viento abasteció en 2016 el 5.5% de toda la electricidad consumida en Estados Unidos, de acuerdo a Clean Technica.

Para comparar la magnitud de ese poder de generación, basta con indicar que la capacidad instalada de producción eléctrica en México, en todas sus fuentes, era en 2015 de 68,044 megawatts, de acuerdo a un reporte del gobierno mexicano.

Podría decirse, entonces, que molinos de viento en cantidades frondosas –en tierra e incluso en el mar– han elevado dramáticamente la electricidad eólica en Estados Unidos, gracias a que comparativamente con otras fuentes de energía, el crecimiento de la infraestructura necesaria es más rápido y menos costoso (y políticamente menos conflictivo) que construir una hidroeléctrica o abrir nuevos campos o ductos de petróleo. En 2005, por ejemplo, la capacidad instalada de generación de electricidad eólica era menor a los 10,000 megawatts, para 2010 ya había alcanzado los 40,000 megawatts, cifra que se duplicó entre ese año y 2016.

La energía eólica se ha convertido ya en la cuarta fuente de electricidad de Estados Unidos, detrás del gas natural, el carbón y la energía nuclear. Pero mientras que el crecimiento en las otras áreas tiene sus propios retos, el avance de la energía eólica y otras fentes renovables (como la solar) tendría aún un muy amplio espacio positivo tanto en cantidad de megawatts en sí como en proporción de la electricidad total generada.

Según cifras oficiales, en estados como Iowa, Kansas, Dakota del Norte, Dakota del Sur y Oklahoma, la energía eólica representa 20% o más de toda la generación eléctrica local.

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Turbinas de generación de energía eléctrica se alzan en la costa de Rhode Island. (Reuters)

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Pero no todo es una fresca brisa en el sector de la energía eólica. De acuerdo a la agencia Bloomberg, la industria de la electricidad generada con el viento podría enfrentar limitaciones ante Trump (quien incluso habría calificado a las turbinas generadoras de ser “feas”, una amenaza para las aves y manufacturadas en el extranjero, todas ellas afirmaciones rebatibles) y las compañías que buscan ampliar la infraestructura eólica en las costas marinas estarían planeando convencer al presidente de que su sector generaría miles de empleos y le ayudaría a cumplir sus promesas a los estadounidenses.

La realidad es que si la industria de energía eólica avanza viento en popa, el futuro económico y medioambiental del país (e incluso el político, por evitar dependencias de fuentes conflictivas de energía) será más auspicioso que si continúa la severa dependencia de los combustibles fósiles, no renovables, polémicos y contaminantes.

Sigue a Jesús Del Toro en Twitter: @JesusDelToro

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