Cada año, la Agencia de Inmigración y Aduanas (ICE) expulsa del país a cientos de miles de extranjeros, muchos de ellos culpables de delitos, pero una gran proporción simplemente por encontrase en el país sin documentación migratoria apropiada.

La logística para el transporte de esas personas es compleja y, como relata el portal Quartz, ICE utiliza tantos aviones y realiza tantos vuelos en sus tareas de deportación que, en la práctica, es como si operase su propia flota de aeronaves.

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Un indocumentado guatemalteco espera a abordar un vuelo charter de ICE que lo deportará de Mesa, Arizona, a Guatemala. (Getty Images)

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Se trata de ICE Air Operations (IAO), la rama de las autoridades migratorias dedicada a facilitar y coordinar el transporte de las personas sujetas a deportación. Para esa labor, como se indica en el sitio de esa entidad, las autoridades recurren desde 2006 al alquiler de vuelos charter, aunque también utilizan en ciertos casos vuelos comerciales.

Aviones Boeing 737 y MD 80, con capacidad máxima de 135 pasajeros, son los más utilizados para transportar a personas en proceso de deportación y los vuelos son tanto domésticos como internacionales.

En el primero de los casos, aviones vuelan desde varios puntos del país a ciudades fronterizas, como Brownsville (Texas) o San Diego (California), para llevar allí a mexicanos en proceso de deportación (que luego son conducidos al lado mexicano en autobús). Y en el caso de inmigrantes de otras nacionalidades, las personas son llevadas en avión a centros de operación de ICE en San Antonio (Texas), Mesa (Arizona), Alexandria (Louisiana) o Miami (Florida) desde donde vuelan a Centro y Sudamérica. Cuando es necesario, hay vuelos con personas deportadas que viajan también a Europa, Asia y África.

Además, los aviones operados por IAO vuelan hacia o desde numerosas ciudades adicionales, entre ellas Seattle, San Francisco, Las Vegas, El Paso, Boise, Newark, Nueva Orleans, St. Paul, Omaha, Denver, Salt Lake City, Reno, Chicago, Baskerfield, Kansas City, Columbus, Oakland y Harrisburg, de acuerdo a ICE.

¿Cuál es el costo de todo ello? Quartz cita un reporte del Departamento de Seguridad Nacional que sitúa en 464 millones de dólares el gasto que ICE realizó, entre octubre de 2010 y marzo de 2014, en pago de aviones charter para transportar a 930.435 detenidos. Otros 109 millones de dólares se destinaron a vuelos comerciales, de acuerdo a ese reporte.

¿Cuánto costaría una operación de deportación que, como ha afirmado el gobierno de Donald Trump, expulsara del país a entre 2 y 3 millones de personas? La revista Time, por ejemplo, menciona un estudio del Center for American Progress que calcula que un proceso de deportación de esa magnitud costaría hasta 25.000 millones de dólares en recursos fiscales. No todo eso se gastaría en trasporte aéreo, ciertamente, pero considerando que en vuelos charter y comerciales ICE dedicó unos cientos de millones de dólares para transportar a cerca de un millón de personas en un periodo de 3 años y medio, el costo de mover al doble o triple de personas en un lapso mucho menor se elevaría considerablemente.

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Guatemaltecos deportados de Estados Unidos bajan de un avión charter de ICE en el aeropuerto de Guatemala. (Getty Images)

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Time compara que lo gastado por ICE en aviones es mayor que lo que en ese mismo lapso se dedicó al National Endowment for the Arts, un fondo público crucial para el desarrollo y la promoción del arte y la cultura en Estados Unidos.

En ese sentido, el planteamiento del gobierno de Trump de que podría dejar en territorio mexicano a toda persona deportada sin importar su nacionalidad podría tener un correlato económico (la pretensión de ahorrarse el gasto en aviones para hacer vuelos internacionales), pero eso no mitiga las ominosas consecuencias humanitarias y de tensiones internacionales que eso tendría.

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Y, de hecho, podría afirmarse que deportaciones masivas, que afectan a muchos más que sólo a los indocumentados culpables de delitos graves, tienen un costo económico y humano que al país no le conviene cargar. Más allá de prejuicios o ideologías, expulsar del país a miles y miles de indocumentados implica mermas en la actividad económica y pérdida de mano de obra necesaria y difícilmente reemplazable, a lo que hay que añadir el desgarramiento de familias y las tensiones e injusticias sociales vinculadas a ello.

En realidad, mucho del dinero público necesario para esas deportaciones a gran escala estaría, muy probablemente, mejor empleado para ampliar las oportunidades educativas, laborales o de salud de los estadounidenses y para desarrollar la infraestructura o promover la ciencia, el arte y la cultura del país.

Sigue a Jesús Del Toro en Twitter: @JesusDelToro

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