La Marcha por Nuestras Vidas (March For Our Lives) y sus réplicas a escala internacional enviaron un mensaje poderoso contra el estancamiento legislativo que durante mucho tiempo ha impedido que se adopten leyes más estrictas para la tenencia de armas en Estados Unidos, donde los tiroteos masivos en escuelas y universidades se han convertido en algo aterradoramente frecuente.

Sus impulsores fueron los jóvenes sobrevivientes de la masacre en la escuela Stoneman Douglas High en Parkland, Florida, donde un tirador mató a 17 personas el pasado 14 de febrero, y en torno a ellos, de manera directa o indirecta, muchos se han lanzado a apoyar esa lucha.


Emma González durante la marcha en Washington DC. (AP Photo/Alex Brandon)

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Pero pese al enorme apoyo social que tiene el movimiento de estos jóvenes, articulado por ahora en torno al lema y etiqueta #NeverAgain (Nunca más), la magnitud de sus objetivos y de sus detractores requiere un trabajo de larga duración y que vaya más allá de las marchas de uno o varios días, que son incisivas y pertinentes pero solo un componente de un activismo mayor.

Algunos de los jóvenes activistas, estudiantes y egresados recientes de la escuela en Parkland, Florida, golpeada por una masacre en la que un tiraodr mató a 17 personas. (Vanity Fair/Archivo Yahoo)Algunos de los jóvenes activistas, estudiantes y egresados recientes de la escuela en Parkland, Florida, golpeada por una masacre en la que un tiraodr mató a 17 personas. (Vanity Fair/Archivo Yahoo)
Algunos de los jóvenes activistas, estudiantes y egresados recientes de la escuela en Parkland, Florida, golpeada por una masacre en la que un tiraodr mató a 17 personas. (Vanity Fair/Archivo Yahoo)

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Emma González, David y Lauren Hogg, Cameron Kasky, Jaclyn Corin, Alex Wind, Sarah Chadwick, Dylan Baierlein, Matt Ditch son algunos de esos adolescentes, alumnos o egresados recientes de la escuela Stoneman Douglash High.

En ese contexto, como relata Vanity Fair, la preparación de esas acciones de largo aliento están en marcha y con un singular toque de modernidad y candor: jóvenes sobrevivientes de la masacre de Parkland, exalumnos de esa escuela y otros aliados han establecido un laboratorio de comunicación digital especialmente pensado para llevar su mensaje de modo efectivo y duradero a la sociedad, justamente a través de redes sociales y otros medios en línea.

La ubicación de ese centro es mantenida bajo reserva, y por ello Vanity Fair le llama un “laboratorio secreto” dedicado especialmente a conceptualizar y producir contenido para impulsar las ideas y propuestas de cambio de #NeverAgain, parte de ello bajo la ya icónica modalidad del meme, un formato internético por excelencia, pero que también incluirá video para YouTube y material para diversas plataformas, como Snapchat, Instagram o Twitter.

El movimiento #NeverAgain y su laboratorio de comunicación son en muchos sentidos un fenómeno nuevo y distinto, que como indica la citada revista no habría sido posible de construir tras masacres anteriores, como la de Columbine en 1999, por la inexistencia en esa época de la inmensa plataforma descentralizada de comunicación digital que ahora está disponible.

Ni tras la de Sandy Hook en 2012, donde trágica y desoladoramente los estudiantes asesinados y sus compañeros sobrevivientes eran muy pequeños –era una escuela primaria–, aunque debe decirse que hoy muchos de ellos, ahora ya adolescentes, apoyan a sus pares de Parkland y comparten con ellos y en carne propia el dolor y la urgencia de cambio, como informó hace algunas semanas la televisora ABC.

En una ubicación no revelada, los jóvenes líderes de #NeverAgain planean en su En una ubicación no revelada, los jóvenes líderes de #NeverAgain planean en su
En una ubicación no revelada, los jóvenes líderes de #NeverAgain planean en su “laboratorio de memes” sus acciones y mensajes en pro de un mayor control de armas y mayor seguridad en las escuelas de Estados Unidos. (Vanity Fair/Archivo Yahoo)

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Así, en su laboratorio digital, los líderes de #NeverAgain debaten, planifican y construyen mensajes específicamente pensando en las plataformas, los formatos, las estéticas y las intencionalidades que caracterizan a los contenidos digitales que los jóvenes prefieren y consultan en línea.

Es algo que, aunque potenciado sustantivamente y con una audiencia masiva, no es del todo nuevo para los jóvenes activistas. Los líderes que coordinan esta iniciativa tienen ya una trayectoria de participación en producción y emisión de televisión, teatro y publicaciones en su propia escuela. Y como adolescentes, ellos y sus compañeros y millones de otros jóvenes son productores y usuarios directos de contenidos y plataformas digitales, son nativos de ellas. Esa comunicación es su entorno cotidiano.

De allí su poder comunicativo, el que ya han mostrado y el potencial, y su rápida capacidad de reacción y difusión para plantear y coordinar su historia, su crítica, su organización, su movilización.


David Hogg en la marcha de Washington DC. EFE/EPA/SHAWN THEW

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Con todo, la intensa actividad y la presión a la que son sometidos no es un escenario común para un adolescente y su lucha en ese sentido es precoz desde los estándares generales. Y es posible que, de haber podido elegir, ellos habrían optado por tener vidas normales, apartadas de los reflectores y el fragor público y, sobre todo, sin haber tenido que sufrir un brutal ataque en su propia escuela y ver el asesinato de sus compañeros y profesores.

Pero la historia, por decirlo de cierto modo, las contradicciones de la sociedad estadounidense y sus punzantes leyes en materia de acceso a las armas les golpearon de modo rudo y directo.

El entusiasmo y la convicción de estos estudiantes adolescentes es ciertamente un poderoso motor de su acción, que tiene además una legitimidad sustantiva, pero para ir más allá, durante más tiempo y con mayor cobertura para luchar por sus objetivos, han necesitado de apoyos.

Con ellos figuran exalumnos recientes de la escuela Parkland, otros simpatizantes que les han dado apoyo y donaciones (como su espacio de reunión, pero también contribuciones económicas que han incluso superado sus necesidades y que ello han redirigido en gran parte a un fondo en apoyo de las víctimas) y hay un muy amplio movimiento, que han inspirado pero al que no controlan, que organiza las marchas y propaga el mensaje de control de armas y seguridad escolar.

(Austin Anthony/Daily News via AP)

¿Qué pasará después del 24 de marzo? Con su laboratorio ellos proyectarán su mensaje a gran escala y buscan que en las elecciones de noviembre se dé una participación sustantiva, sobre todo de jóvenes que salgan y ejerzan su voto para, así, catalizar el cambio. Y se dice en Vanity Fair que ya organizan al respecto una nueva y masiva campaña, con el apoyo de numerosos aliados, para el próximo otoño con miras a las elecciones intermedias.

Pero también son jóvenes, que deben seguir sus estudios secundarios y luego optar por la universidad u otras carreras, que aspiran a construir su futuro y vivir sus vidas. Por lo pronto, ellos quieren un cambio en materia de control de armas y millones de estadounidenses, en realidad la mayoría, los apoyan.

Sigue a Jesús Del Toro en Twitter: @JesusDelToro

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