• Vista general del malecón donde se ubican los coloridos Árboles de Vida hoy, jueves 14 de junio de 2018, en Managua (Nicaragua). EFE
  • Vista de una calle con poco tráfico y peatones por el llamado al paro nacional hoy, jueves 14 de junio de 2018, en Managua (Nicaragua). EFE

1 / 3Vista de una calle con poco tráfico y peatones por el llamado al paro nacional hoy, jueves 14 de junio de 2018, en Managua (Nicaragua). EFE

Managua, 14 jun (EFE).- Calles desérticas, mercados cerrados a cal y canto, restaurantes con la verja echada, estaciones de autobús sin pasajeros, gasolineras clausuradas: Managua luce hoy paralizada como consecuencia del paro nacional de 24 horas convocado por la oposición para exigir el fin de la represión gubernamental.

El bullicioso mercado Roberto Huembes, en el corazón de la capital nicaragüense, suele ser muy madrugador, como la mayoría de las plazas latinoamericanas. Este jueves, sin embargo, aún permanecía en silencio pasadas las 10.00 hora local (16.00 GMT) y con la mayoría de sus 4.000 puestos cerrados.

Norma Flores, una anciana que regenta desde hace más de 40 años un pequeño comercio en el que vende desde escobas para barrer hasta velas y piñatas, explica a Efe que muchos comerciantes han cerrado por convicción, pero que muchos otros lo han hecho por resignación y por miedo a los pillajes.

"Yo ya me voy para casa porque no hay nada que hacer aquí. Pero voy a cubrir bien mis cosas para que no me las roben esos vándalos. Acuérdate de lo que pasó en el mercado de Masaya", dice mientras tapa su mercancía con una lona.

Fernando Munguía, otro histórico del Roberto Huembes, también ha acudido a controlar su barbería. Aunque no está de acuerdo con la violencia y con la muerte de tantos "chavalos" (muchachos), considera que los pobres son siempre los que se llevan la peor parte en los conflictos.

"Si no trabajamos no comemos. Los que están en huelga tienen reales (dinero), nosotros solo tenemos deudas con los bancos y esos no nos esperan", afirma visiblemente enfadado.

La Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia, la plataforma que representa a los estudiantes, el sector privado, los campesinos y las organizaciones civiles, convocó el paro nacional, que comenzó a la medianoche con una "cacerolada" que se sintió en muchos barrios capitalinos.

El objetivo del paro es presionar al presidente Daniel Ortega para que detenga la violencia y acceda a negociar una salida pacífica a esta crisis, que ya es la más cruenta que vive el país centroamericano desde 1980 y en la que ya han muerto al menos 154 personas, de acuerdo a las asociaciones locales de derechos humanos.

"El pueblo nicaragüense desde el 18 de abril ha demostrado su repudio total hacia el desgobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo. El apoyo masivo del paro es una muestra del hartazgo del pueblo. Estamos exigiendo todos a viva voz su renuncia inmediata y su salida del país", asegura a Efe el líder estudiantil y miembro de la plataforma opositora, Víctor Cuadras.

La huelga, añade el estudiante, ha sido un "éxito" no solo en la capital, sino en otras ciudades como Masaya, Granada, León, Estelí o y Jinotega, que ya habían mantenido otros paros antes, "a pesar de que el Gobierno ha hecho una campaña de desprestigio total".

En las principales arterias de la ciudad, como la Avenida Simón Bolívar o la Avenida Jean Paul Genie, apenas circulan vehículos, aunque los policías tratan de fingir cierta normalidad y dirigen un tráfico inexistente.

El taxista que traslada al equipo de Efe por los barrios orientales y centrales de Managua no quiere detenerse en los semáforos en rojo y, al igual que otros conductores, decide saltárselos. Los buses tampoco han salido de las cocheras y en las paradas solo hay perros callejeros que se refugian del sol.

Los únicos que sí mantienen cierta actividad son los edificios gubernamentales y los hospitales públicos, donde los trabajadores más fieles al Gobierno siguen denunciando que las protestas son un "golpe de Estado" orquestado por la derecha internacional.

El paro tiene lugar un día antes de que el Gobierno y la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia reanuden el diálogo, que llevaba suspendido desde mediados de mayo y en el que la Conferencia Episcopal de Nicaragua actúa como mediador.

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