Por momentos, llegó a parecer que se abría una inusitada oportunidad para lograr la paz y el desarme nuclear en la Península de Corea. La reciente reunión de los presidentes de ambos estados coreanos y el anuncio de que el mandatario estadounidense Donald Trump se reuniría el 12 de junio con el líder norcoreano Kim Jong Un en Singapur crearon gran expectativa.

Si a eso se sumaban gestos de Corea del Norte como el desmantelamiento de una base de ensayos nucleares y la declaración de que no realizaría más esas pruebas y cierta retórica que hablaba sobre un proceso de desnuclearización, por momentos pareció posible, al menos, comenzar una distensión y conversaciones de primer nivel entre Kim y Trump.

Pero todo resultó un espejismo.

Los presidentes de EEUU y Corea del Norte, Donald Trump y Kim Jong Un. (DPA)
Los presidentes de EEUU y Corea del Norte, Donald Trump y Kim Jong Un. (DPA)

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En principio, se ha afirmado que el régimen norcoreano vio con alarma los recientes ejercicios militares conjuntos de Corea del Sur y Estados Unidos y comenzó a matizar el alcance de su posible desnuclearización (no un proceso completo y de golpe sino uno de varias etapas acompañado en paralelo con mitigación de sanciones). Y causó, se comenta, especial irritación en Pyongyang lo dicho por el vicepresidente estadounidense Mike Pence sobre que el asunto de Corea del Norte podría terminar como el “modelo Libia”, en alusión a que en ese país Muamar Gadaffi desistió de su programa nuclear pero años después acabó siendo derrocado y asesinado en una insurrección popular que tuvo apoyó de la OTAN.

A esos excesos retóricos le siguieron otros, en esta ocasión del régimen de Kim, que calificó a Pence de ser un “pelele político”, lo que al final condujo a que Trump, en contrapartida, declarara que no se reunirá con el líder norcoreano en Singapur, en lo que algunos críticos han visto como la culminación de un proceso que de todos modos se estaba enfriando (ante la renuencia de Corea del Norte a una desnuclearización completa e inmediata) y otros como uno más de los ominosos exabruptos negligentes de Trump.

Y puede suponerse que Trump, que repudió agrestemente el acuerdo nuclear con Irán firmado durante el gobierno de Barack Obama, no habría estado dispuesto o en capacidad de aceptar un esquema parcial o progresivo, que diera alivios a Corea del Norte y le permitiera, al menos temporalmente, mantener parte de sus arsenales.

Ejercicios militares conjuntos de EEUU y Corea del Sur, más alusiones de altos funcionarios de Washington al Ejercicios militares conjuntos de EEUU y Corea del Sur, más alusiones de altos funcionarios de Washington al
Ejercicios militares conjuntos de EEUU y Corea del Sur, más alusiones de altos funcionarios de Washington al “modelo Libia”, irritaron fuertemente al régimen norcoreano. (Newsweek)

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Con todo, la puerta diplomática no se ha cerrado completamente y, ciertamente, retornar a la etapa de incendiarias acusaciones y amenazas de destrucción masiva sería errado y peligroso.

En contraste, hay expertos que consideran que en realidad la cumbre del 12 de junio en Singapur era prematura, que nunca debió ser convocada y fue meramente un episodio de la bamboleante estrategia retórica de ambos presidentes más que el resultado de un proceso previo de negociación que permitiera lograr resultados efectivos. Por ello, si se reactiva el diálogo y con preparación diplomática se logran avances que ambas partes puedan aceptar, una futura reunión de Trump y Kim tendría mayor viabilidad y, sobre todo, posibilidad de aportar efectivamente a la paz y la desnuclearización.

Porque, hasta el momento, y con los dimes y diretes conocidos, todo parece seguir en la etapa del berrinche, al menos en lo que trasluce a la opinión pública. Algo que se sugiere del propio mensaje de Trump, quien tras una declaración en todo conciliatorio emitida por Pyongyang dijo apenas este viernes que la reunión del 12 de junio aún podría suceder y que hay conversaciones al respecto.

¿Es el asunto entonces cuestión de suavidades y susceptibilidades, de insultos y visceralidades, de los egos de Trump y Kim que eclipsan la política exterior? Esa interrogante pende sobre un asunto que va mucho más allá y tiene consigo la encrucijada entre la paz y la amenaza de devastación y fuertes resonancias en términos de geopolítica.

Sigue a Jesús Del Toro en Twitter: @JesusDelToro

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