Los efectos de las crecientes emisiones de carbono a la atmósfera y del consiguiente cambio climático han sido advertidos con énfasis por la comunidad científica, y varios gobiernos del mundo –en agudo contraste con el actual de Estados Unidos– han asumido políticas más o menos propicias para mitigar esos fenómenos y tratar de prevenir sus consecuencias más desastrosas.

Distorsión del clima (con inviernos o veranos más intensos), agudización de sequías y tormentas devastadoras, alza del nivel de los océanos, proliferación de agentes de enfermedades y pérdida severa de áreas de cultivo y ganadería, con la merma de su vital producción alimentaria, son algunas de esas graves amenazas para la humanidad.

Pero recientes investigaciones han sugerido otras ominosas posibilidades, que podrían tener lugar incluso si se logra evitar o mitigar otros desastres. Una de ellas, como se indicó en Science Now, es que los cultivos de arroz, de los que dependen literalmente centenares de millones de personas, podrían volverse menos nutritivos en las próximas décadas.


Planta de arroz en un campo de la India. (AP Photo/Anupam Nath, File)

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Esa afirmación se desprende de estudios que indican que el arroz que crece en un entorno con altas concentraciones de bióxido de carbono contiene menores cantidades de vitamina B, proteína y minerales. Investigadores en China y Japón expusieron cultivos de arroz a un entorno con cantidades elevadas de bióxido de carbono similares a las que podrían existir en general a finales del siglo, y hallaron que el contenido proteínico de ese grano cayó en 10.3%, el de hierro en 8% y el de varias vitaminas del complejo B en cantidades entre el 12.7% y el 30.3%.

Eso sugiere que de continuar las tendencias, el arroz que se cultive y coseche a finales del siglo será menos nutritivo en general y, por ende, tendrá menor capacidad para sostener a las poblaciones que de él dependen. Si eso sucediera, expertos citados por Science Now calculan que, en países que son dependientes de modo intensivo del arroz para su alimentación, 600 millones de personas quedarían en riesgo de sufrir severas carencias nutricionales.

Más cultivos afectados

Y el arroz no es el único cultivo que podría resultar afectado por el cambio climático. De acuerdo a un reporte publicado en Nature hace algunos años, científicos han identificado que el maíz, el trigo, la cebada, la soya, los guisantes y el sorgo también pierden nutrientes, sobre todo minerales clave como el hierro, cuando crecen en entornos con elevadas concentraciones de bióxido de carbono.

La gran mayoría de la humanidad, así, podría perder literalmente elementos nutricionales clave tan solo por los efectos en las plantas de una atmósfera con mayor cantidad de gases de carbono.

Y otros estudios afirman que los suelos agrícolas en sí podrían perder cantidades de selenio, lo que agudizaría la deficiencia de ese mineral en la dieta de la población, situación que ha sido asociada a males cardiacos, infertilidad y artritis.

De acuerdo a un reporte de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en 2016 había 815 millones de personas en el mundo con severas deficiencias de nutrición, y millones de ellas sufren de hambre crónica. En ese contexto, que los propios alimentos cultivados resulten menos nutritivos añade una ominosa sombra adicional en el futuro, de por sí severamente amenazado por un clima mucho más inclemente. El hambre y la miseria son lacras que agobian ya a millones y que son detonantes de guerras, enfermedades y migraciones masivas y desesperadas. Por ello, lograr esquemas de seguridad alimentaria resulta trascendental tanto por cuestiones humanas y morales como por asuntos económicos y sociopolíticos.

Cultivos clave para la supervivencia de millones de personas son muy vulnerables a trastornos climáticos y alteraciones meteorológicas.Cultivos clave para la supervivencia de millones de personas son muy vulnerables a trastornos climáticos y alteraciones meteorológicas.
Cultivos clave para la supervivencia de millones de personas son muy vulnerables a trastornos climáticos y alteraciones meteorológicas. En la imagen, trabajadores en un campo de arroz de Tailandia. (AP PhotoApichart Weerawong, File)

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En ese contexto, un comité de las Naciones Unidas específicamente dedicado al tema de la nutrición en el mundo promueve modificar las dietas actuales para promover prácticas agrícolas y ganaderas más sustentables y que tengan menores impactos en el cambio climático, pues es conocido, por ejemplo, que ciertos cultivos extensivos deterioran el suelo y producen deforestación, que la ganadería intensiva genera fuertes cantidades de metano (un gas de efecto invernadero) y consume recursos y agua en cantidades ingentes, que la pesca indiscriminada destruye especies y altera ecosistemas marinos además de que fertilizantes y otros químicos usados a enorme escala acaban en los mares, que acaban contaminados y en ocasiones incapaces de sustentar la vida.

Así, una dieta inteligente ayudaría a mitigar el cambio climático y, en consecuencia, la pérdida de fuentes alimentarias y de contenido nutritivo de cultivos vitales. Y también existen investigaciones orientadas a producir variedades de plantas fortificadas con nutrientes clave o más resistentes a entornos hostiles, con el objetivo (no sin controversias de por medio) preservar tanto el contenido nutricional como la producción misma de fuentes de alimentación fundamentales.

Sigue a Jesús Del Toro en Twitter: @JesusDelToro

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