El trágico asesinato del joven Manuel Antonio Cano Pacheco ilustra los enormes peligros que pesan sobre muchos inmigrantes indocumentados que son devueltos a su país de origen y quedan expuestos a la situación de punzante violencia que allí se sufre.

Cano Pacheco, de 19 años, era un joven indocumentado que llegó a Estados Unidos desde México traído por sus padres cuando tenía tres años de edad, de acuerdo al relato del periódico Desmoines Register, y radicaba en el estado de Iowa, donde cursaba la escuela preparatoria.


Foto de quien sería el joven Manuel Cano y su bebé. Cano era un joven dreamer de 19 años que residía en Iowa, perdió su estatus de DACA y optó por regresar voluntariamente a México para no ser deportado. Al volver al país del que salió a los 3 años de edad, fue asesinado. (Facebook/Manuel Cano)

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Como cientos de miles de jóvenes en esa situación, había vivido en Estados Unidos casi toda su vida, país que consideraba el suyo, y se acogió en 2015 al Programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA), que protege de la deportación a indocumentados llegados al país cuando eran menores de edad, según The Washington Post. Estaba cerca de graduarse de ‘high school’ y al parecer había obtenido una beca para estudiar mecánica en un colegio universitario en Chicago. Tuvo un bebé con su novia (un niño que hoy tiene un año de edad) y trabajaba instalando pisos.

Pero la suerte para el joven se enturbió dolorosamente.

De acuerdo a Juan Verduzco, amigo del joven, Cano Pacheco era “una persona de la que nunca sentirías algo malo”, pero el encarcelamiento años atrás de su padre por delitos de drogas al parecer le causó una fuerte depresión y una propensión a la bebida. Luego, el gobierno de Donald Trump procedió al desmantelamiento de DACA y Cano Pacheco fue arrestado y hallado culpable de dos delitos menores vinculados con drogas. Por ello, la Agencia de Inmigración y Aduanas (ICE) lo detuvo, le fue revocado su permiso de DACA y enviado a una corte de Inmigración para que se definiera su situación.

Salió bajo fianza, pero volvió a ser arrestado y hallado culpable de otras dos faltas menores (al parecer por manejar en mal estado) y para evitar la sanción de la deportación optó en abril de 2018 por salir voluntariamente del país.

El pasado 24 de abril, Cano Pacheco regresó a México. Al haber salido voluntariamente, no se le cerraba la puerta a que en el futuro pudiera volver legalmente al país. El joven entonces se mudó a Zacatecas, donde se afirma que tenía familiares, y fue allí donde lo golpeó la tragedia.

This is what our heartless, counterproductive immigration policies do: send a young #DACA recipient to his death in a country he left at 3 years old. https://t.co/EgmIKokVgF via @DMRegister #ImmigrationReform

— Rekha Basu (@rekhabasu) June 8, 2018

Verduzco dijo al Desmoines Register que Cano Pacheco había salido con el conocido de un primo suyo para buscar algo de comida cuando ambos fueron interceptados por criminales. Al parecer el acompañante de Cano Pacheco los conocía, y los dos fueron asesinados.

“Estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado”, dijo Verduzco sobre el cruento final de su amigo, cuya garganta fue cercenada de acuerdo a reportes. Aunque no hay claridad sobre quiénes fueron los asesinos, medios de prensa han aludido a la presencia de cárteles de las drogas en Zacatecas y otros lugares de México que son de alta peligrosidad.

La comunidad hispana de Des Moines quedó consternada por la noticia del asesinato del joven, tragedia que se hizo eco de otra en cierto modo similar: en 2015, Constantino Morales, activista y también residente en esa ciudad de Iowa, fue devuelto a México luego de que su solicitud de asilo fue rechazada. Al regresar a su país de origen, indicó el Post, fue asesinado por narcotraficantes.

Ahora, nuevamente con el dolor a cuestas, se realizó el pasado 3 de junio un memorial en recuerdo de Cano Pacheco en la iglesia Las Américas de DesMoines. Entre los asistentes, según testimonios recabados por el Post, todo era sombrío por la pérdida del joven y por el miedo a las deportaciones, que están en auge en la presente administración, y a lo que ello puede implicar.

La muerte de Cano Pacheco, dijo el pastor Alejandro Alfaro Santiz al Post, hace ese temor “más real para muchas personas”.

Sigue a Jesús Del Toro en Twitter: @JesusDelToro

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